Proyecto Palomas

La fórmula social de Palomas

La fórmula social de PalomasPor: Abel Oliveras… – Con una filosofía que apuesta por la participación de los públicos en los procesos de creación y recepción de sus materiales artísticos, el Proyecto Palomas es una institución sociocultural que otorga gran importancia al impacto de sus tra­bajos en las audiencias.

Como casa productora de audiovisuales, adscrita al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, durante los últimos diez años ha llevado a cabo un amplio número de filmes sobre temáticas escasamente abordadas en los medios de difusión masiva de la Isla. La obra de ese colectivo dirigido por la realizadora Lizette Vila se inscribe, de manera exclusiva, dentro de los llamados géneros de no ficción, sobre todo del documental, y tiene entre sus características principales el apego a códigos televisuales, el bajo costo de producción, y la coherencia del discurso en el tratamiento de problemas sociales muy sensibles, que en ocasiones pueden llegar a ser desgarradores. Por eso, el proyecto concibe los espacios de exhibición como escenarios de activismo social, de debate plural sobre los diversos contenidos que abordan, ya sea el cuidado de la salud, la elección de mejores estilos de vida, o el fomento de la cultura de paz, de una vida sin violencia y discriminaciones. De tal manera, Palomas se ha convertido en un refe­rente de este tipo de dinámicas inclusivas, para otras instituciones tanto cubanas como extranjeras, y para personas con VIH-SIDA, con distintas discapacidades, también para los travestís, transgéneros y transexuales, para mujeres y hombres de cualquier edad y condición socioeconómica.

 

Aunque este tipo de audiovisuales no ocupa espa­cios habituales en las carteleras cinematográficas, los de Vila y su equipo han trascendido el ámbito comuni­tario para algunos su plaza natural y accedido a fes­tivales de cine, muestras temáticas, así como a eventos diversos donde son vistos por un número considerable de espectadores. No obstante, la opinión especializada sobre cine y, en especial, la crítica, en pocas ocasiones se refiere a esta clase de producción fílmica.

Lo cierto es que. por sus características, los mate­riales nacidos en el Proyecto Palomas se resisten mu­chas veces a una disección estética desde los códigos y el lenguaje del séptimo arte. Si tomamos como ejemplo tres piezas realizadas en años recientes: Felices 24 Horas, El tiempo de la cosecha y Guajiros… de donde viene el amor, de inmediato distinguimos similitudes en cuanto a su estética y al empleo de algunos elemen­tos formales que se repiten en todos los casos.

 

La entrevista es la principal fuente de información de esos trabajos. Felices 24 horas, documental reali­zado en 2010. que recoge testimonios de más de una decena de enfermos de alcoholismo, comienza con un coro que hace ruegos a Dios, y a partir de ese instante empiezan a aparecer los entrevistados, en la sombra, con una leve luz a sus espaldas. El espectador apenas alcanza a percibir los contornos de sus figuras. Se trata de un grupo de mujeres y hombres integrados al programa de Alcohólicos Anónimos y. como tal. sus identidades permanecen ocultas, En la composición fotográfica predomina la oscuridad sobre la luz. a la usanza de algunos programas de televisión en los cuales se requiere de semejante discreción, para evitar el menoscabo de sus participantes. Pero la utilización de este recurso puede tener otra lectura: el filme se introduce en un mundo oscuro, complejo, al cual no se le presta la debida atención social.

El montaje es simple, directo, basado en la exposi­ción de las diferentes aristas del problema; incluye en su repertorio visual fotografías de Humberto Mayol y pinturas de Eduardo Perdomo. que de alguna forma ilustran las confesiones.

Los fragmentos de entrevistas se suceden, uno tras otro, revelando historias de vida marcadas por las pérdidas y la desdicha. A través de ellos, el público conoce detalles de la primera vez que esas personas consumieron bebidas alcohólicas, de cómo fueron cayendo en la adicción, y todas las consecuencias del padecimiento. Al final surge en las declaraciones un aliento de esperanza, una tabla de salvación materia­lizada en los resultados del programa de Alcohólicos

Anónimos. El audiovisual no solo muestra una realidad lamentable, también señala caminos para resolver esos problemas.

Por su parte. El tiempo de la cosecha inicia su dis­curso a través de la voz en off que, mientras aparece en pantalla una ilustración donde una muchacha lustra los zapatos a un hombre, anuncia el machismo como su asunto principal. El narrador habla del cambio que trajo para Cuba el triunfo revolucionario de enero de 1959. los nuevos tipos de relaciones que surgieron entonces, y el papel de los hombres y mujeres en aquel contexto. Las imágenes del pasado épico prevalecen en esos primeros segundos. De ahí en adelante se repite la fórmula de montaje que analizamos en Felices 24 horas.

Esta vez son seis los entrevistados cuyas decla­raciones aparecen intercaladas, algunas sin aparente relación con la siguiente, aunque en general el guión es muy coherente. Como forma de marcar un estilo propio de la estética de Palomas, vuelven las fotos fijas y pinturas para cumplir el mismo objetivo que en la obra antes mencionada: graficar los testimonios y poner énfasis en algunos conceptos. El texto visual se armó en función de una receta preconcebida que se puede constatar también en el tercero de los materiales analizados.

El machismo vuelve a ser el tema explorado aquí, solo que en el ámbito campesino. Al igual que en el ejemplo anterior, una voz en off, ahora femenina, hace la introducción de Guajiros… de

donde viene el amor, marcando las pautas ideológicas del discurso. Acto seguido se suceden las entrevistas a ganaderos, trabajadores agrícolas y pobladores de comunidades rurales, quienes exponen sus percepciones sobre los roles de la mujer en el campo, sobre lo que entienden por machismo y equidad de género. Nuevamente las imágenes fijas, fotográficas y pictóricas, ilustran los distintos testimonios, pero a diferencia del resto, los escenarios escogidos para este documental son espacios abiertos, el paisaje campestre, las fincas de los guajiros, en resumen, sus ambientes naturales.

Si bien las semejanzas encontradas entre estos filmes del Proyecto Palomas podrían verse como falta de creatividad, también creo que corresponden a una filosofía propia de la producción, marcada por la apuesta hacia una narrativa veraz de las distintas temáticas abordadas y por la necesidad de provocar debates alrededor de ellas. El estilo directo de comu­nicación mostrado en Felices 24 Horas, El tiempo de la cosecha y Guajiros… de donde viene el amor, que privilegia la voz del otro, puede leerse entonces como coherencia con un discurso institucional que sobrepasa esos audiovisuales.

Para conocer de primera mano las concepciones que rigen las dinámicas creativas del Proyecto Pa­lomas, accedimos a una entrevista con su principal artífice, la realizadora Lizette Vila.

La fábrica de felicidad.

Entrevista con Lizette Vila

¿Cómo define el Proyecto Palomas y su trabajo?

El Proyecto Palomas es un proyecto cultural que va acompañando el ritmo de la sociedad cubana desde una percepción holística. En la promoción de nuestra obra, ya sea en televisión o en salas de video, se entabla otro tipo de relación con los diferentes públicos. Para nosotros el audiovisual es también un pretexto para realizar debates, para exponer la percepción holística que tenemos de la vida. La vida tiene una integración de muchos factores, de muchas circunstancias, de muchas oportunidades. O sea, no le damos un carácter de mediación al audiovisual; para nosotros proyectar una obra no es solo eso, sino que intentamos crear una atmósfera, un ambiente, un estado de conciencia. Tratamos de ver también la repercusión, hasta dónde cala en el público, yo diría desde la individuación. Pretendemos que cada cual se exprese con libertad. El Proyecto Palomas es una casa productora para el activismo social. No haces nada con realizar documentales, y algo que hemos llamado registro espejo, si no entablas esa relación de naturaleza holística con el público y las instituciones.

No. se puede ver a Palomas como ese lugar donde solo se realizan audiovisuales. Palomas es un funda­mento de respeto a la diversidad humana, desde un lenguaje de inclusión; a las discapacidades les llama­mos capacidades diferentes. Así hemos logrado, dentro de nuestra estética, una comunicación de bienestar.

Diez años es un ciclo largo, ¿qué ha marcado este periodo?

Dentro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, teníamos un grupo de género y diversidad creativa, ese fue el principal antecedente del Proyecto.

Yo creo que Palomas surge también después de mi experiencia en el Encuentro Mundial de Mujeres en Beijing, donde la idea se fue estructurando.

En estos diez años, en Palomas hemos recibido mu­chos saberes, de distintas comunidades, de gentes con situaciones de vida muy específicas, de alcohólicos, de personas con VIH, sobrevivientes de violencia y ofen­sores, de gente marcada por la estructura patriarcal que no los ha dejado convivir en armonía. Llevamos estos años repensando temas que tienen que ver con las realidades cubanas, todo eso ha ido señalando una ruta y los propios intereses de estos grupos.

Tenemos una marcada vocación de servicio que realizamos y expresamos de manera concreta. Estamos en el programa nacional de control de la tuberculosis de la República de Cuba, trabajamos con diversos gru­pos de mujeres, hombres, niños y niñas con diferentes problemáticas, adicciones, expresiones de violencia, VIH, cáncer.

Cuando hacemos desde los audiovisuales la promo­ción y la capacitación de la cultura de paz, del buen vivir, cuando hablamos de género como un concepto político, de la preservación del medio ambiente, esta­mos dentro y nos sentimos parte de la política cultural cubana.

Otro de los grandes logros de nuestro proyecto es haber estrechado relaciones con instituciones de la so­ciedad civil cubana, e internacionales, y espacios como el Museo Nacional de Bellas Artes, la sala Hubert de Blanck, el Proyecto 23, el Festival de Cine Pobre o el de Cine Latinoamericano, el Fondo para iniciativas locales Canadá-Cuba, y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, todas muy importantes para nuestra obra.

¿Cómo describiría la estética de Palomas?

El Proyecto está movido por una estética propia, sustentada e inspirada por el lenguaje y la forma en que se realiza la televisión. Buscamos tres percep­ciones, casi siempre, en la banda visual, a veces más, partiendo de que una persona no puede ser vista desde una sola dimensión, sino desde las dimensiones física, psíquica y social.

Para nosotros el conocimiento no es capaz de di­bujar un proceso si no se le vincula a los sentimientos. Nuestra estética tiene una manera de expresarse desde lo cotidiano. Yo creo que por eso los audiovisuales de Palomas calan tanto desde la imagen.

En resumen, planteamos una estética de libertad. Palomas es sencillamente una fábrica de felicidad, y la felicidad también se puede medir, tiene sus propios índices y códigos, no es destino ni azar, sino voluntad, proyecto de vida, energía. ¿Por qué no podemos hablar, por ejemplo, de un modelo de felicidad socialista? ¿Por qué siempre tenemos que hablar de las dificultades, cuando, a veces, lo que alcanzamos es mucho más generoso que lo que nos falta?

¿De qué forma surgen los proyectos audiovisuales que realizan?

Hasta ahora no podemos sustentar la obra de otros realizadores y realizadoras porque no tenemos con qué. Pero las ideas de los distintos audiovisuales surgen de la dinámica muy plural con que trabajamos. Vienen personas a pedirnos o sugerirnos diversos temas. Por ejemplo, hace unos dias recibí la llamada de una mujer que acababa de cumplir su condena en prisión, su hijo nació en la cárcel y ella me escuchó hablar de la fábrica de felicidad y quiere dar su testimonio sobre cómo revirtió todo el sufrimiento y el dolor, para entregar esa capacidad de amar y amarse a sí misma, y eso yo creo que tiene un gran valor. También atendimos a otra mujer que dejó de caminar porque fue apuñalada. Todas esas personas se nos acercan: hombres que son ofensores y no quieren seguir viviendo en un clima de violencia producida por ellos mismos, personas que buscan cómo salir de la adicción al alcohol o a otras sustancias, mujeres con cáncer de mamas.

Nos nutrimos mucho también del saber académico, de los resultados de las investigaciones de las univer­sidades cubanas.

¿Cuáles son los públicos afines para los trabajos del Proyecto?

La diversidad de públicos de Palomas es grande. Interactuamos hasta con grupos de sectores antagónicos, así logramos también la credibilidad. Somos obreros y obreras de la felicidad a partir de un sacrificio volunta­rio, sin espera de ninguna recompensa. Cuando te digo todo esto es porque no podemos hablar de Palomas,

¿Cómo es la relación con el público?

No proponemos ningún camino. Entregamos una problemática para provocar que cada cual escoja una de las tantas rutas que la atraviesan. Nuestro trabajo no culmina con la proyección de una obra audiovisual: luego se sigue trabajando con grupos donde encon­tramos esos conflictos, esas situaciones que hemos registrado, porque son conflictos que todavía no tienen solución en la sociedad cubana. Esa es la fortaleza que tiene el Proyecto Palomas.

Nos movemos dentro de esos espacios naturales con un sentido de inclusión, de respeto. No queremos estar aislados, observando la sociedad desde un plano su­perior. Trabajamos una mediación horizontal a la hora en que nace una idea, un guión, y tenemos a muchos artistas de la cultura cubana y universal colaborando con nosotros, desde Zaida del Río, García Peña hasta Pancho Amat.

Hemos construido una catedral, y esa catedral tiene una mística que nos envuelve y nos da arrojo.

¿Cómo se ha mantenido Palomas?

Con fuerza, dedicación, con horas y horas de trabajo.

 

Abel Oliveras (Nueva Gerona, 1984). Periodista del Canal Habana. Colaborador habitual de Bisiesto Cinematográfico. Publicación de la Muestra Joven, y de Cubacine, sitio web del ICAIC.

 Tomado de: La revista Cine Cubano. No. 187

 

 

 

 

 

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